mis años como estudiante de medicina

Los maravillosos años como estudiante en la facultad de medicina han sido un recuerdo inolvidable. Creo que los primeros 2 años son los que menos recuerdo por lo teórico de las clases (alguna vez escuché de un maestro que nuestro conocimiento en la facultad se aprendía de una forma “pigal”). Cuando ya estuve en cuarto año y estuve viendo pacientes y participando en las rondas clínicas, al lado de los pacientes, la cosa cambió radicalmente. El estar examinando enfermos y leyendo lo que los libros dicen acerca de las enfermedades es completamente diferente, tal vez comparable a la sensación de sostener el volante del coche en la primera clase de manejo. Recuerdo con muchisimo cariño a mi primer gran maestro de semiología, el Dr Ciro Maguiña. Siempre los estudiantes buscan un modelo a seguir, un paradigma en el que nos veamos reflejados cuando terminemos la facultad y nos mojemos en la piscina de la vida médica (como el héroe de los niños). Ese fué el Dr Maguiña no solo para mí sino para muchos de sus discipulos que tuvimos la suerte de conocerlo y gozar de sus conocimientos.

Eran muy buenos tiempos en que formabamos grupos de semiología y mi grupo era especialmente  muy activo en cuanto a participación (todos queriamos opinar y hablar). Me gustó esa sensación de competencia porque nos estimulaba a leer más y decir menos brutalidades. En este grup, podria decir que formé mi vocación futura de especialidad, porque donde praacticabamos era el Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt. Desde el primer dia que estuve en el instituto me enamoré de las enfermedades infecciosas y los maestros del instituto me adoptaron como pupilo. Me involucré tanto con las enfermedades infecciosas que cualquier curso que anunciaban de infecciosas me apuntaba para ayudar y de paso aprovechar las charlas de mis maestros. Especial admiración tenía por el Dr Maguiña, Dr. Gotuzzo, Dr Echevarria, Dr. Legua, Dr Seas de quienes aprendí muchisima clínica. También recuerdo que como estudiante me ofrecía voluntariamente a quedarme por las tardes-noches en el Instituto o en Urgencias para aprender más de las enfermedades y de los procedimientos. Todo ese aprendizaje me serviria mas tarde en el externado, internado y ahora claro en la residencia. Espero que no se piense que era muy empeñoso. Por el contrario, creo que lo que me movia a quedarme tantas tardes y noches era la curiosidad y la inquietud por aprender y ser menos bruto (vaya estimulo).

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