Algo que me llamó la atención de mi residencia fueron las guardias. Empezamos por hacer guardias de acompañantes y después nos lanzábamos a la piscina de las guardias de Sala A y de planta. Las guardias de acompañante consisten en que un residente pequeño acompaña a un residente mayor en las guardias y aprende el manejo en planta. Posteriormente, sin acompañante pero supervisado por un residente mayor, se empieza las guardias de planta y empieza la cosa a ser diferente. En mis primeras guardias de planta suprevisado, me resultaba sumamente vergonzoso tener que llamar a un residente mayor para que me ayude a resolver un problema. Siempre trataba de valerme por sí mismo y resolver la situación como podía hasta cuando ya no podía, en que tenía que llamar. Después entendí que era mejor llamar a mi residente mayor, aunque sea para informar de la situación o hacer preguntas aparentemente tontas pero importantes. Haciendo un retrospectivo, creo que debí llamar más y quemarme menos… pero aprendí un poco más a no desesperarme.
Las guardias de Sala A eran mucho mas sencillas. Agotadoras pero sencillas. Estaba siempre supervisado y prefería estar en los boxes más complicados. Tradicionalmente en sala A, el box 5 siempre ha sido el box de los borrachines o los abuelos con retención urinaria. Realmente no me gusta ese box pero aprendí a tolerar los olores que se ese box se desprende. Al final todo se resume en dos palabras: adaptación y paciencia