Puedo decir que mi rotación por la UVI está siendo interesante en el sentido de que estoy aprendiendo un enfoque diferente de la medicina: el de los pacientes críticos. También puedo decir que es deprimente ver a pacientes en muy mala situación, estando muchos de ellos en situación pre-mortem al haber ingerido sustancias con fines autoliticos.
Afortunadamente no todo es deprimente. También veo pacientes en situaciones extremas que salen adelante y logran saler de la UVI gracias a los esfuerzos de todo el equipo de intensivistas, enfermeras, auxiliares y rotantes.
Lo más difícil en la UVI (en mi humilde opinión) es tomar la decisión de parar. Me refiero a no continuar con los cuidados intensivos y dejar que la naturaleza haga lo demás. Lo mismo sucede en la planta cuando hay pacientes ingresados que están en tal mala situación que se toma la decisión de utilizar medios paliativos y parar de tratar. Tal vez esto es más dramático en la UVI porque es la última frontera o esperanza. Después de la UVI no hay más, en términos terrenales. La decisión es difícil sobretodo porque los métodos que utiliza la UVI son invasivos (agresivos).
En esto juega mucho la experiencia de los intensivistas porque la evidencia puede jugarnos malos ratos. Las famosas escalas pronósticas y de mortalidad no son predictivas al 100% y en estos casos cuenta más la experiencia que la evidencia.
Otro tema polémico y que estoy viviendo es el criterio de ingreso de la UVI. Muchas veces los intensivistas rechazan pacientes de planta. La razón es sencilla pero poco entendida: los pacientes que se van a morir se morirán estén o no en la UVI. El detalle es que tardarán más en morir en la UVI pero morirán. Finalmente se entiende la expresión: “en estos tiempos que difícil es morirse…”
Mis respetos a los intensivistas.