Cuando nos embarcamos en la aventura de tener a nuestro hijo, jamás nos imaginamos lo gratificante que sería tenerlo, verlo crecer, desarrollarse. Tampoco nos podiamos imaginar el inmenso amor que podiamos sentir por El hasta tal punto que ningún sacrificio es suficiente por El.
Me he puesto a pensar hace unos dias que si nosotros, con toda nuestra miseria, egoismos y limitaciones, podemos sentir tanto amor por nuestros hijos hasta tal punto de poder dar la vida por ellos, como será el amor de Dios por sus hijos. Debe ser algo increible, inimaginable, infinito. Un amor hasta tal extremo que lo ha llevado a hacer locuras de amor por nosotros, sus hijos.
Entre tantas guardias (las mías y de mi mujer), los trabajos de residente, los fines de semana cortados por las guardias y todo el ajetreo de tareas domésticas puede pensarse que el tiempo no es suficiente. Como testigo viviente de todo este caos debo decir que si hay tiempo para todo. Porque hay algo que nos mueve más allá del agotamiento fisico y mental: el amor.
Ser residente padre/madre es duro. Pero como único sacrificio, el premio es inmensamente mayor que cualquier otro. Desde esta tribuna, mi homenaje a todos los padres residentes.
César. Lo que has escrito es lo que siempre he sentido por mis hijos. Esos sentimmientos son los que me ha impulsado a soportar cualquier sacrificio, dolor,etc. con tal de ver a mis hijos salir adelante. En mi caso, todo el sacrificio que hicimos tuvo la recompensa inmensa de saber que mis hijos lo han sabido aprovechar y valorar. Gracias por expresar este mensaje que para muchos padres residentes servirá de estímulo.