Muchos médicos hemos tenido la oportunidad de atender en la urgencia o en las consultas a pacientes inmigrantes. La mayoria de ellos son jóvenes con ciertas enfermedades, la mayoria de veces, no complicadas. Claro que esta última afirmación no necesariamente es del todo cierto (nuestros colegas reumatólogos pueden dar fé de ello al tratar enfermedades del tejido conectivo severísimas en chicas jóvenes latinoamericanas)
Si nosotros conversamos con estos pacientes y nos implicamos en sus problemas y dolencias vemos que muchos de ellos viven un drama marcado por la soledad, el abandono y el dolor.
Hace poco hablé con dos señoras sudamericanas que viven en España desde hace 5 años aproximadamente. Una de ellas dejó a su hijo a los 2 años de edad. La otra dejó a una hija de 10 años de edad. Ambas no han regresado a sus paises desde que viven aquí no porque no quieran sino porque no pueden (problemas de papeles, falta de dinero, etc).
Ellas están aquí porque mantienen a sus familias con lo poco que ganan limpiando casas o cuidando ancianos. Ellas darían todo por estar en compañía de sus hijos y familia. Ahora con la crisis la situación se pone difícil para todos, especialmente con ellas.
La madre de la hija que ahora ya es adolescente (15 años) está pensando seriamente en regresar a su pais porque la niña vive con sus abuelos y hace lo que quiere (salir con las amigas, regresar a altas horas de la noche, o no regresar a casa, beber alcohol, etc). Lo más probable es que regrese porque como todos sabemos, la “edad del pavo” es un edada difícil que necesita del apoyo de los padres.
La madre del otro niño (el de 7 años) vive en la soledad más absoluta, trabajando solo para su hijo. Le extraña de una forma más profunda porque las llamadas por telefono o el chat no son suficientes cuando la verdad es que el niño necesita de su madre para vivir.
Tan solo pensar que me tenga que ausentar tanto tiempo sin poder ver a mi hijo me estremece. Imagínense estas madres que no ven a sus hijos durante años.
Así como estas dos historias, existen muchas más. El drama de la inmigración se da a todo nivel. En mi caso propio, no regreso desde hace 3 años a mi país y cada vez se extraña más. No es que en España esté infeliz, pero la falta de la familia se hace notar cada vez más.
Yo me pongo a pensar que lo mismo debieron sentor los primeros españoles que pisaron América. La historia se repite.
Totalmente de acuerdo con todo lo dicho.,es muy sierto saludos