De mi inolvidable etapa escolar, recuerdo con un gran aprecio las enseñanzas del Hermano Alberto. El Hermano Alberto, como le llamábamos (y se hacía llamar) era un español religioso y lasallano hasta la médula que llegó al Perú desde muy jóven a hacer lo que estaba llamado a hacer: a enseñar.
Recuerdo con claridad sus maravillosas reflexiones y anécdotas. Recuerdo que una vez me hizo salir delante de la clase y me dijo que pronuncie en voz alta la palabra “cojones”. De ese día no olvidaré lo que nos dijo: “cojones es lo que le faltan a los hombres para comportarse como tales, porque mi padre fué quien me enseñó a rezar y tenía los cojones bien puestos”.
Querido Hermano Alberto, he puesto en práctica tus enseñanzas. Hace 2 semanas que a mi hijo de 2 años y medio le hemos enseñado a rezar y antes de dormir nos demanda él mismo rezar a la Virgen, el Angel de la Guarda y el Padre Nuestro (que por cierto ya se los sabe de memoria).
Lo mejor que estamos haciendo por él es enseñarle a ser hombre en todos los sentidos. Ojalá el Señor me dé el tiempo de vida suficiente para seguir inculcándole a mi hijo el valor de la oración en su vida. Creedme que el verlo rezar me conmueve el corazón porque no es sólo repetir las palabras como una canción sino el respeto y la disposición que un bebé de 2 años y medio pone para rezar una sencilla oración que muchos de nosotros la repetimos de rutina o no la hacemos “por falta de tiempo”.
Espero hijito que algún día leas estas palabras y no te desanimes en los momentos de adversidad sino que sigas rezando como lo estás haciendo. El Señor nunca te fallará.